este texto lo hize a los 14, cuando estaba en un taller literario en palermo... la consigna era escribir sobre la vida de un conductor de subte...
salio esto:
Larga y aburrida era mi vida. Todos los días la misma rutina. Me levanto temprano, me preparo para salir, voy a la estación y me subo al subte. Cabe aclarar que no me subo como pasajero sino como conductor.
Sí, así me gano la vida, pagan poco y el trabajo es bastante aburrido, bueno, un trabajo aburrido, para un tipo aburrido.
Lo peor de mi trabajo es que la gente no me valora. Porque si vos vas y le preguntás a cualquier pasajero, quién es Rodrigo Gutierrez, te van a decir que no lo conocen, que no conocen a la persona que todos los días los lleva al trabajo o a la facultad a tiempo.
Hoy me preparo como todos los días para salir a trabajar.
Una vez en la estación, pedí un café que jamás me sirvieron, y subí a mi subte.
Suben algunos pasajeros, otros bajan, y todo es normal, hasta que paro en la última estación, y me encuentro con que no hay nadie.
Salgo del subte y nada, todo vacío, ni un alma.
Salgo de la estación, y tampoco, ni un auto, ni una persona, nada.
Me desespero, corro para todos lados, como si estuviese buscando a alguien, pero no lo encuentro.
Hasta que en un momento siento un ruido, parecía venir detrás de mí, me doy vuelta y grito.
- ah!!!
Era un sueño, todo era un sueño.
Cuando miro para adelante veo el final de la vía. Gritos. Llantos. silencio. Otra vez no hay nada ni nadie.

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